Herramientas para el abogado

Abogado – consejos útiles para ejercer y tener éxito. – Segunda parte

Abogado – lista de consejos para ejercer la profesión que ayudarán a maximizar la clientela y hacer más práctico el ejercicio.

Ser abogado
  1. Especialízate.

Lisa y llanamente “el que mucho abarca poco aprieta”. Los clientes se han vuelto más exigentes que nunca a la hora de escoger quien los represente. En este afán de conseguir al mejor especialista aplican el “filtro de la especialidad”. Si nos duele la muela acudiremos al dentista y si tenemos un problema legal acudiremos al letrado (o estudio) que demuestre o, nos de confianza que, ya conoce todos los vericuetos de esa rama específica del árbol de la ley.

La fórmula del abogado “poli-rubro” puede funcionar para algunos, pero les aseguro que dicho profesional no actúa solo. Solo con una gran infraestructura podremos dar atención integral a un cliente que así lo requiera. Esto es un estudio que cuente con especialistas dedicados a los diferentes problemas del cliente.

La especialización consiste en experiencia comprobable en dicha área por un tiempo considerable, cursos de posgrado, masters, doctorados, artículos al respecto, etc. Todo ello se relaciona con la interiorización a técnicas de marketing que mencionamos en nuestro artículo anterior.

No solo demos ser especialistas en el servicio que queremos prestar, sino que debemos demostrarlo.

  1. Mejorar las habilidades de investigación.

La investigación, aunque muchas veces relegada, es parte importante del trabajo del abogado. Muchos letrados desconocen las posibilidades que brinda la web o incluso las bibliotecas públicas (me ha sorprendido que muchos colegas no conocen la biblioteca de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ubicada en el mismísimo palacio de justicia de la Ciudad de Buenos Aires).

Con investigación me refiero específicamente a encontrar rápidamente el camino procedural a seguir ante un tema concreto que nos trae un cliente. Esto no descarta, sino que complementa la búsqueda legislativa, jurisprudencial o doctrinaria que podamos hacer. Digamos que poder investigar es la otra cara del “know how” (saber cómo) ya que, si no sabemos cómo hacer algo, debemos tener la capacidad para saber cómo averiguar el modo de resolver un tema.

Dicho esto, aconsejamos que para desarrollar esta habilidad se rodeen de gente que ya la posea. Estas personas saben dónde buscar. Pero, basta de ambigüedades, pasemos a hacer una lista de los escalones concretos a subir para conseguir virtuosas habilidades de investigación jurídica:

 

  1. Aceptá y familarizate con la burocracia.

“Toda revolución se evapora y deja atrás sólo el limo de una nueva burocracia.”

― Franz Kafka

Aceptémoslo, somos burócratas. Ese es el martillo y yunque de nuestra profesión. Trabajamos día a día con ella [la burocracia] para ejercer la defensa de los derechos de nuestros clientes. Sin embargo, en esa cotidianeidad, olvidamos su fin, su función o su espíritu si así lo prefieren. Esta herramienta existe para garantizar los derechos y libertades que tan bonitos se ven en la constitución, pero, ¿qué serían realmente sin un aparato burocrático que los resguarde? Eso es ni más ni menos que “el proceso” (y no me refiero a la obra del autor citado).  La seguridad jurídica se materializa en un engranaje de plazos, sujetos, notificaciones fehacientes y escritos de todo tipo.

Bien, cortemos con el análisis filosófico y pongamos los pies en la tierra. A qué me refiero con este punto. Para ser más claro tengo que admitir que cuando comencé el ejercicio profesional detestaba los métodos burocráticos. Me parecían arcaicos e inútiles. Humildemente voy a decir que no estaba del todo errado. La burocracia es una herramienta y, como tal, puede ser utilizada para fines nobles o de otra calaña. Esto descansa en la conciencia de cada uno, aunque eventualmente puedan ser sancionados aquellos que se aprovechen de ella, como por ejemplo quien temeraria y maliciosamente dilate injustificadamente un proceso judicial.

Con aceptar y familiarizarse quiero decir que, sin la intención de sonar desalentador, los mecanismos burocráticos son bastante difíciles de cambiar, por lo que, conviene tomar lo que nos es dado, conocerlo y hacer lo que mejor se pueda con esto. No frustrarse, reitero, no frustrarse. De nada sirve querer cambiar de un día para el otro como se hacen las cosas en un lugar en el que somos los recién llegados. Otra frase kafkiana versa “En tu lucha contra el resto del mundo te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo.” Como dije, no quiero desalentar, el cambio es posible, pero toma tiempo por lo que para obtener resultados rápidos hay que aceptar los métodos menos pragmáticos que son impuestos por la administración, los juzgados, etc. Esto lo digo con mucho pesae escribiendo para abogacía PRACTICA. Pero, a veces, lo más práctico es aceptar los métodos como vienen dados y llevar adelante el asunto.

 

 

  1. Los trabajadores judiciales son tus amigos.

El punto anterior lleva necesariamente a este. No hay mejor manera de hacer que lo impráctico sea lo más práctico posible que llevándote bien con el que ejecutor del aparato. Claro está, en un proceso judicial son los trabajadores judiciales, pero esta idea también abarca a los empleados de la administración pública o privada.

Estoy hablando ni más ni menos que de relaciones públicas. Nunca sabremos dónde o cuándo nos toparemos nuevamente con esa persona. Un mal trato hoy que nos convenga de algún modo, puede llevar a una saña duradera que nos haga perder más tiempo y recursos en el futuro.

Para dar ejemplos concretos sobre esto, podemos mencionar un error que, me sorprende muchos profesionales comenten, y es no recordar (o siquiera tomarse la molestia de anotar) los nombres de quienes atienden en mesa de entradas. Esas personas son prácticamente nuestros compañeros de trabajo, incluso es probable que los veamos más que a nuestros propios socios. Tratarlos por el nombre es básico y sobre ello, cuando ya nos percatamos que no se trata de máquinas expendedoras de expedientes o gestoras de trámites, podemos empezar a construir relaciones más duraderas.

No conseguir esto puede terminar en desastre. Yo en particular elegiría al abogado que es bien visto por la mayoría de los juzgados. Pero tengan presente existe la fama y la infamia. Por favor no caer en este último que puede ser muy grave para nuestra imagen.

  1. Mejora tu imagen

Encadenando los consejos llegamos a la presencia. Pongamos un ejemplo muy claro. ¿Acaso alguno de ustedes se atrevería a viajar en un avión todo destartalado, con un piloto desalineado, nervioso y exaltado, aeromozas torpes y maleducadas? Quizás el ejemplo fue muy exagerado, pero creo que deja en claro mi punto. Solo un temerario viajaría en esa línea aérea. Los más lógicos buscarían contención y seguridad.

Todo negocio es así y el negocio jurídico no se queda atrás. Esto que queremos decir va más allá de la imagen física que, aunque muy importante, por sí sola no logra nada.

Ser pulcros, tener buen porte, buena semblanza, buena dicción son grandes herramientas a la hora de vender nuestros servicios. Y es que todo se resume a eso, nosotros vendemos nuestra fuerza de trabajo profesional, nosotros somos el avión, el piloto y las aeromozas del ejemplo, nosotros tenemos que dar confianza al público, ya sea cliente o colega de nuestra pericia.

Cada uno encontrará su camino para alcanzar esto. Nosotros mencionaremos que existen toneladas de recursos en internet para mejorar habilidades sociales, de oratoria, de redacción, de presencia, de moda, etc. Los invito a que busquen asesoramiento y se arreglen para la ocasión física y mentalmente.

  1. Ten en claro el valor de tu trabajo.

Último, pero no menos importante. No se cómo enfatizar más esto. NO MENOSPRECIES TU TRABAJO.

Prestar un servicio tiene sus ventajas, como por ejemplo la baja inversión inicial que podemos llegar a necesitar, ello entre otros. Pero también cuenta otra cara de la moneda, una muy peligrosa. Podemos vernos tentados, en el afán de no perder al cliente, de cobrar menos de lo que realmente deberíamos. Esto no solo arruina nuestra valía, sino que también daña a nuestros colegas.

Si realmente haces un buen trabajo ¿por qué no cobrar por él lo que corresponde? Puede ser difícil de creer, pero te aseguro que un cliente que paga poco puede llegar a dejar de ser cliente en cualquier momento. En cambio, un cliente que acepta el valor que vos le das a tu trabajo no solo está pagando lo que corresponde, sino que también deja su voto de confianza en tu trabajo.

Te recomiendo que te unas a grupos de profesionales en redes sociales en los que se debaten este tipo de temas.

Tales como el gurpo de facebook de abogaciapractica.com

Abogado (UBA) en ejercicio independiente – Especialista en Derecho del Trabajo y Derecho Civil.

Autor y redactor de artículos jurídicos para múltiples medios (IProfesional, abogados.com, abogaciapractica.com).

 

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